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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Edad del Yerro

Lo leí en el suplemento Buenavida de El País (15/09/2015), con la firma de Cristina Bisbal… y no pude evitar hacerle una foto.

 
Si alguien que, se supone, es profesional de la cosa escrita confunde poner herraduras (= herrar) con no acertar (= errar) o, lo que viene a ser lo mismo, confunde hierro con yerro, apañados estamos. ¡Qué no confundiremos el resto de los mortales!
 
Así a bote pronto, a mí se me ocurren unos cuantos equívocos:
 
-       Este político tiene una voluntad de yerro.
Es decir, este político está deseando equivocarse en todo.
 
-       El cerrajero me puso una barandilla de yerro.
Es decir, la colocó mal.
 
-       Los soldados hierran el tiro.
Es decir, les ponen herraduras a las caballerías.
 
-       Este vagabundo hierra por los calles de mi ciudad.
Es decir, va marcando con un hierro candente a todo bicho viviente que se encuentra.
 
-       El ministro le quitó yerro al asunto.
Es decir, corrigió las equivocaciones que tenía.
 
-       Quien a yerro mata a yerro muere.
Es decir… [imagínatelo tú mismo]
 
Total, que parece que hayamos vuelto a la Edad del Yerro.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Si exclamas, exclama bien

Ya he hablado en otra ocasión (Interroguexclamo) de que en español se usan dos signos, uno de apertura (¡) y otro de cierre (!), en las frases exclamativas. Esta peculiaridad del español —en las lenguas vecinas solo se usa el de cierre— parece que se va perdiendo poco a poco. No hay más que asomarse a las calles de mi ciudad y prestar un poco de atención a la cartelería: cada vez es más frecuente ver que el signo de apertura ha desaparecido.


 
  

O que el signo de apertura se ha transformado en signo de cierre… por vete tú a saber qué circunstancias.

 
El caso es que todos tenemos derecho a quejarnos, a expresar nuestra alegría, nuestra sorpresa o lo que nos dé la gana. Pero, ¡hombre!, habría que procurar hacerlo correctamente. No cuesta tanto, ¿verdad?

miércoles, 4 de noviembre de 2015

A vueltas con in-

Dice la norma académica que el prefijo in-, que se utiliza para indicar negación o privación, se convierte en im- ante b o p (ya lo he mencionado en Balompié en Ciempozuelos), y se convierte en i- ante l o r.

Por eso, Marta Portal escribe lo siguiente en ‘A tientas y a ciegas’:

La dejó pasar, y ella cruzó el umbral de Secretaría con aire de reina. No era una pose estudiada, no. Era algo impremeditado

Es decir, in- + premeditado = impremeditado. Correcto, pues.


Y Antonio Lorca titula un artículo de la sección ‘Revista de verano’ de El País del 12/07/2015 así:

 Ureña triunfa con una corrida 'ilidiable'

Es decir, in- + lidiable = ilidiable. Correcto también.
 

Ahora bien, en ‘Se enciende y se apaga una luz’, Ángel Vázquez escribe esto otro:

—En cambio, tu cuñada es un hueso.
—Un hueso inroíble.

En realidad, debería ser irroíble: el prefijo in- ante r se convierte en i-, y la erre debe duplicarse para mantener el sonido fuerte de la erre inicial de roíble (ver Prorruso). Es lo mismo que ocurre en irrepetible (que no inrepetible) o en irracional (que no inracional).

Tenlo en cuenta cuando te veas en alguna situación similar.


miércoles, 29 de julio de 2015

Messi es vidente

Cuando uno es un profesional de la comunicación —léase periodista, principalmente—, tiene que prestar atención a qué escribe y a cómo lo escribe; es decir, al contenido y a la forma. Los errores dicen mucho de uno… y casi siempre de manera negativa.

Hay errores sencillos, fáciles de comprender por el lector, y no tienen mayor trascendencia que el malestar que puedan causar en un lector sensible: un cambio de letras, un acento mal colocado, una frase que se corta…

Otros son más difíciles de desentrañar, el lector no sabe si se trata de un error o no y, por lo tanto, interfieren en la comunicación. Es posible que el mensaje, erróneo, que le llegue al lector sea radicalmente diferente del que ha querido dar el periodista. Un par de ejemplos:

elpais.com (08/05/2015)

 Leyendo esta información, alguien podría pensar que ahí está la clave del éxito de Messi: como es vidente, puede ver con antelación cómo se desarrollará el partido y cambiar lo que va a pasar. Por eso gana, casi, siempre.

lavanguardia.com (13/02/2015)

Viendo el título de este vídeo, alguien podría pensar que, con lo que sobró del rodaje original de la película, se ha hecho una segunda película o un documental, y que es eso de lo que hablan los espectadores.
 
Me dirás que es improbable que alguien interprete mal estas dos frases. ¿Estás seguro? Mira lo que pasa en este tercer ejemplo:
 

El texto escrito, que reproduce lo que se narra en el vídeo, menciona ‘la arqueta sinfónica’, cuando, en realidad, lo correcto es ‘la arqueta sifónica’ (igual que se dice ‘el bote sifónico’). En los subtítulos, que, imagino, se reproducen automáticamente a partir de lo hablado en el vídeo (de hecho, no incluyen puntos ni pausas), se indica ‘la orquesta sinfónica’ (!!!). Es evidente que el sistema de subtitulado ha entendido que algo no cuadraba en esa frase… y lo ha interpretado al revés: lo que está mal es ‘sinfónica’, no ‘arqueta’. Vale que es una máquina la que no ha entendido, pero ¿estás seguro de que no le puede pasar lo mismo a una persona?

Una relectura calmada de lo escrito es siempre una buena medida… para los profesionales de la comunicación y para los demás también.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Hora 0

Termina uno de cenar, recoge la mesa, limpia la cocina y se instala delante de la tele. Tras unas cuantas cabezadas, cuando está a punto de caer en el primer sueño, empieza la película. Mientras salen los primeros créditos, en pantalla aparece un mensaje que dice:


Y, ¡sorpresa!, a uno se le pasa la modorra ipso facto. Porque, ¿qué es eso de las 00:00? ¿Qué hora se supone que es? ¿No querrán decir las 24:00?

Que yo sepa, no hay ninguna hora 0, como no hay un día 0 ni tampoco un año 0. Cuando uno cuenta los días del mes, empieza por el 1, no por el 0: día 1, día 2, día 3… y así hasta el día 31, que es el último. Y el mes siguiente vuelve a empezar por el día 1. No hay 0 por ningún lado.

Con las horas, pasa lo mismo: la 1, las 2, las 3… y así hasta las 24 (o 12 de la noche). No hay ninguna hora 0. Después de las 23:59, vienen las 24:00 y, luego, las 00:01. No hay 00:00.

Claro que eso del tiempo parece una magnitud bastante flexible… a tenor de lo que se observa en este cartel de un restaurante:


¡Días de 25 horas! ¡Uau! Ver para creer.

miércoles, 14 de enero de 2015

Sin inmunidad, pero con impunidad


Ahora que acaba de estar en cartelera en Madrid esta obra de teatro, parece buen momento para sacar a colación la confusión que se produce en ocasiones entre inmunidad e impunidad, entre inmune e impune.

Dice el DRAE que inmunidad es la cualidad de inmune, y que inmune significa, entre otras cosas, exento de ciertos oficios, gravámenes, cargos o penas.

Indica también que la expresión inmunidad diplomática se refiere a la inmunidad de que gozan los representantes diplomáticos acreditados cerca de un Gobierno, sus familias y demás personal de las embajadas o legaciones que no es súbdito del país en que estas residen. Y también señala la existencia de la expresión inmunidad parlamentaria, que es una prerrogativa de los parlamentarios, que los exime de ser detenidos o presos, procesados y juzgados sin autorización de la Cámara a que pertenecen salvo en los casos que determinan las leyes.

Por otro lado, el DRAE define impunidad como falta de castigo e impune como que queda sin castigo.

Claro, ¿verdad? No debería haber lugar a dudas, ¿verdad?

Pues no. En agosto circuló en los medios de comunicación una noticia acerca de un informe de Amnistía Internacional sobre la situación en Afganistán. Muchísimos medios la recogieron con titulares parecidos a estos dos:



Siempre diciendo inmunidad, en vez de decir impunidad, que era lo adecuado en este caso.

A uno, que siempre se sorprende, y no precisamente de forma grata, al descubrir que a algunos profesionales de la comunicación les importa más bien poco escribir correctamente, le entró un no-sé-qué lingüístico y se acercó al origen de la noticia para ver qué se decía. Sabido es que, en ocasiones, los medios de comunicación se limitan a reproducir tal cual las notas o comunicados de prensa que reciben de instituciones, empresas y organizaciones varias. Así que me dije que quizá el origen de la noticia fuera también el origen del ‘pecado’.


Pero en el comunicado de prensa de Amnistía Internacional no se hablaba de inmunidad ni tampoco de impunidad, ni en el titular ni en el resto del texto. Así que no, no se trataba de un ‘pecado original’.

Intrigado por este sinsentido ¿cómo es posible que una enorme cantidad de medios de comunicación cometan el mismo error al titular una noticia cuando la fuente de esa noticia no menciona siquiera la palabra de marras?, caí en la cuenta de que todas las noticias que incluían el error indicaban una misma fuente: la agencia EFE (no Amnistía Internacional)…


… y EFE había metido la gamba hasta el corvejón.

Es decir, que el original no había pecado, pero sí lo había hecho el primer copista… y a partir de él, que seguramente quedó impune, todos los demás. ¡Para que vaya uno fiándose de los intermediarios!

miércoles, 1 de octubre de 2014

Balompié en Ciempozuelos

Me imagino que más de uno se preguntará por qué el otro nombre español del fútbol es balompié, con m, si balón se escribe con n.

Y probablemente le ocurra lo mismo con estas otras palabras:
-       ciempiés (cien + pies);
-       Ciempozuelos (cien + pozuelos), una localidad madrileña;
-       sambenito (san + benito);
-       sambernardino (natural de San Bernardo, Chile);
-       samblasino (natural de San Blas, Panamá);
-       sampedrano (natural de San Pedro, Paraguay)…

La explicación académica es que siempre se escribe m (y no n) ante b y p, como en Colombia, recambio, improperio, empresa…

Esta norma se debe tener muy presente, sobre todo, en palabras compuestas que tienen un elemento que termina en n seguido de otro elemento que empieza por b o p. Aunque nos parezca un poco raro, debemos poner m. De ahí que escribamos balonmano y balompié; inacabable e impagable; enlatar y embotellar; conciudadano y compadre

Ocurre, en este caso, algo similar a lo que ocurre con Prorruso, donde la duplicación de la r para que se mantenga la pronunciación fuerte de ruso nos resulta chocante porque desfigura la palabra original. Aquí, la transformación de la n en m afea un poco la palabra original, y nos cuesta aceptarlo. Un ejemplo reciente extraído de cadenaser.com/canarias:


Así que ya lo sabes: si te gusta darle al balón con el pie en un lugar con muchos pozos alrededor, lo tuyo es jugar al balompié en Ciempozuelos.

jueves, 13 de marzo de 2014

Acentos subrepticios

Mira que es fácil poner los acentos en español, ¿verdad? Pues todavía hay personas que los ponen mal. ¡Será posible!
¿Cómo dices? ¿Que no estás de acuerdo? ¿Que no es tan fácil poner los acentos? ¿Que en las palabras esdrújulas quizá sea fácil, pero no en las otras? ¿Que los diptongos lo complican todo? ¿Qué las reglas de acentuación…?
¡Vale, vale! Lo he captado. Tienes razón y estoy de acuerdo… pero yo también tengo razón. Poner los acentos en español es facilísimo, lo complicado es saber dónde ponerlos.
Y es que en español solamente tenemos un acento: el acento agudo, una rayita oblicua que baja de derecha a izquierda. No hay ni acento grave (rayita oblicua de izquierda a derecha) ni acento circunflejo (uno agudo y uno grave unidos por arriba), solo acento agudo. Así que no debería ser posible equivocarse. Y, sin embargo, hay rótulos que se equivocan. Mira este par de ejemplos:
En el escaparate de un negocio

En la trasera de una furgoneta
Y en ninguno de los dos casos parece que sea debido a una imposibilidad material, no sé, de las técnicas de rotulado sobre cristal o metal, porque en ambos ejemplos hay acentos puestos correctamente.
¿Cuál es, pues, el origen del misterio de los acentos graves que sustituyen subrepticiamente a los agudos? Si encuentras alguna explicación, por favor, compártela. Te estaremos muy agradecidos todos.


miércoles, 12 de febrero de 2014

¡Ay, mi madre!


Hay en mi barrio una franquicia de fruterías que se llama ¡AY MADRE! La Fruta. Tiene varios establecimientos y, cosa curiosa, en cada uno de ellos han puesto el nombre de una manera diferente.

 Con el signo exclamativo de apertura delante y el de cierre detrás



 
Con el signo exclamativo de cierre delante y detrás

Con el signo exclamativo de cierre delante y el de apertura detrás

Como puedes ver, las letras las dominan como nadie, pero los signos... ¡Ay, los signos! Solo les falta una opción para tener todas las posibilidades existentes: con el signo exclamativo de apertura delante y detrás.

Ya he mencionado aquí en otra ocasión (ver Interroguexclamo) que el uso de dos signos, uno de apertura y otro de cierre, en las frases exclamativas e interrogativas es una de las peculiaridades del español. Pero, claro, habría que procurar utilizarlos correctamente. Más que nada para no hacer el ridículo… como es el caso de esta periodista de El País, que escribe dos veces la frase, con los signos de dos formas diferentes, y las dos veces mal:







¡Por Baco! ¿Dónde se ha visto semejante despropósito?

jueves, 2 de enero de 2014

Ese cuyo desaparecido

Quiero empezar el año con una loa a esta palabra, muy útil, a mi entender, pero que está desapareciendo del uso común de los hispanohablantes… al menos en España.

Hace tiempo que me cuesta ver este relativo en algún artículo de periódico. Ya casi ha desaparecido de los medios de comunicación. Supongo que será porque no se sabe utilizar. En fin, cosas de la educación, imagino.

Su uso correcto es como sigue:

Aquel señor es Fulano, cuyo hijo es piloto.

Y lo que suele leerse es lo siguiente:

Aquel señor es Fulano, que su hijo es piloto.

Esta segunda estructura se oye a menudo en radio y televisión, y también se ve en la prensa. Un ejemplo:






Este “y que por lo tanto su consumo…” es una frase que fuerza las estructuras del español. Mariangela Paone debería haber escrito “y cuyo consumo pasado el plazo fijado, por lo tanto, puede ser peligroso”.

Otro tanto ocurre con el siguiente ejemplo, también de El País, y, además, por partida doble:
  

En ambos casos, deberían haber escrito “… cuyo propietario todavía se desconoce”.

¿Quieres un truco para utilizarlo de forma correcta? Es sencillo. Piensa que se trata de una fórmula matemática. En realidad, piensa que es una suma, la operación matemática más sencilla que existe. Todo el mundo sabe sumar, ¿verdad? Pues más sencillo no puede ser. Atento:

que + su = cuyo

Es decir, si en una misma frase has escrito el relativo que y el posesivo su (o sus), repásala porque tienes que usar cuyo (o cuya o cuyos o cuyas).

Sencillo, rápido y eficaz. Añades una pizca de voluntad… y listo. ¡Recuérdalo!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

De imprevisto

Lo soltó Christian Gálvez, un famosillo presentador de televisión. Y se quedó tan pancho.

De imprevisto no se dice; se dice de improviso, que equivale a sin prevención ni previsión.

Ya tiene delito que un conductor de un concurso en el que las palabras son la materia prima, Pasapalabra (¡una palabra monovocálica de nivel A5!; ver Efervescentemente, septiembre 2013), meta el cuezo de tal manera. En fin, será cosa de los tiempos que corren.

Por cierto, ¿cómo lo dirías: quedarse tan pancho o quedarse tan ancho? Pues resulta que, a tenor de lo que refleja el diccionario, en este caso se pueden utilizar las dos expresiones:

-       quedarse tan ancho (o quedarse tan fresco, o quedarse más ancho que largo) significa mostrarse despreocupado y tranquilo; y

-       pancho, en cuanto adjetivo, significa tranquilo, inalterado, satisfecho con algo.

Así que si queremos decir que el famosillo Christian soltó una barrabasada lingüística y se quedó tan tranquilo, podemos decirlo de las dos maneras:

-       Christian se quedó tan ancho

-       Christian se quedó tan pancho.

Otra cosa sería que no se llamara Christian sino Pancho. Entonces, para regocijo de este ludolingüista, habría que decir:

-       Pancho se quedó tan pancho.

Y sería una verdad… doble.

miércoles, 30 de octubre de 2013

A vueltas con el ex


Ya he comentado aquí en alguna ocasión que el prefijo ex da mucho juego, sobre todo, a raíz de haberse modificado la norma académica que regula los prefijos (ver El expreso de Guantánamo y Tintor que tintas iglesias, enero 2013). Pero también parece que, además de juego, da dolores de cabeza a más de uno. Y es que la norma dice que ex, como los demás prefijos, debe escribirse siempre pegado a la palabra siguiente (como en exmarido), excepto si le sigue un nombre compuesto, que se escribirá separado (como en ex primer ministro). Y ahí es donde aparecen las dudas.

En una información publicada en lavanguardia.com, titulada ‘Caso de los ERE: Quién es quién’ (09/10/2013), la periodista Pilar Solís menciona los siguientes excargos:

-       exconsejeros
-       ex consejero
à ¿No debería ser exconsejero?

-       ex presidentes de la Junta de Andalucía
à ¿No debería ser expresidentes de la Junta de Andalucía?

-       ex director general de Vitalia
-       exdirector general de Trabajo
à ¿No debería ser ex director general de Trabajo?

-       exsecretario de Desarrollo Industrial de CCOO
-       exsecretario de Organización de Industria Textil de CCOO
-       ex secretario de UGT
à ¿No debería ser exsecretario de UGT?

-       exgerente del Instituto de Fomento de Andalucía  en Sevilla

¿Cómo puede un profesional de la comunicación no darse cuenta de que escribe una cosa… y también la contraria? ¿No se para a recapacitar ni siquiera un poco? ¿Cómo va uno a fiarse de la información que da si tiene tamaño lío con algo tan sencillo?

Eso sí, en expediente el ex lo pone siempre pegadito. ¡Menos mal!


martes, 30 de julio de 2013

¿O o u? ¿Y o e?

Es una norma que se aprende rápidamente en la escuela: la conjunción o toma la forma u cuando precede a una palabra que comienza por el sonido /o/. Un ejemplo clásico: siete u ocho.

Lo mismo ocurre con y, que toma la forma e cuando precede a una palabra que comienza por el sonido /i/. Un ejemplo: mezquitas e iglesias.

Fácil, sencillo y sin problemas. ¿O no? Pues, a tenor de lo que he leído en ‘Todo bajo el cielo’, de Matilde Asensi, parece que no… cuando hay palabras no españolas por medio. Un pasaje de la página 39 dice así:

"Además, después de la guerra, la vida en París se había vuelto insoportablemente cara. Hacía mucho tiempo que nadie podía comprar en sitios como Le Louvre o Au Bon Marché".

¡Cómo! ¿No habíamos quedado que había que poner u ante el sonido /o/? ¿Acaso Matilde Asensi no conoce la regla? No creo. ¿O es que lo que no conoce es que au en francés se lee /o/? No creo. ¿O quizá le ha parecido que, si ponía "…como Le Louvre u Au Bon Marché", los lectores no iban a entender el porqué de esa u? Es la única razón que se me ocurre. Si es así, bastaba con cambiar el orden y poner: "…como Au Bon Marché o Le Louvre". Vamos, que solución tenía.

Y ahora un par de ejemplos de lo contrario, ambos de Javier Marías en El País Semanal. El primero, en ‘Los nuevos zombies’ (EPS, 21/04/2013):

"… darán por sentado que todos llevamos iPhones y iPads…".

Así escrito, parece que choca con la norma mencionada al principio, ¿verdad? Pero no. Las palabras inglesas que identifican esos dos artilugios electrónicos tan de moda empiezan por i, pero se lee /ai/, con lo que no hay lugar a sustituir la conjunción y por e.

El segundo, en ‘Esclavizados y transparentes’ (EPS, 07/07/2013):

            “… ordenador e email y móvil…”

En este caso, email empieza por e, pero se lee /i/, con lo cual sí hay que sustituir la conjunción y por e. Javier Marías conoce la norma… y conoce el inglés.

Así pues: o ante el francés au (/o/), no; y ante el inglés i (/ai/), sí; y ante el inglés e (/i/), no.