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miércoles, 16 de julio de 2014

Gafería

El sufijo -ería (y sus compinches -ero y -era) es uno de los más activos en español: zapatería, pastelería, panadería, ferretería, joyería, carnicería, droguería, carpintería, fontanería… Es solo una muestra del gran número de palabras que designan establecimientos especializados en determinados productos o servicios.

Si hay un ámbito en el que este sufijo se ha mostrado especialmente activo y productivo en los últimos tiempos, es el de los servicios vinculados a la restauración, a las cosas de comer, vamos.

Junto a las cafeterías y cervecerías de toda la vida, primero empezaron a aparecer las bocadillerías, que, se supone, estaban especializadas en bocadillos, aunque también tenían de todo un poco.

Más tarde vinieron las sandwicherías, dedicadas a los sándwiches, un bocadillo de otra manera.

Más adelante, cuando las bocadillerías ya proliferaban, surgieron las bocaterías, que en vez de bocadillos servían bocatas. ¡Una forma como otra cualquiera de tratar de diferenciarse de la competencia!

En algún momento, aparecieron las taperías, especializadas en tapas.  

Y también alguna croquetería.

Y alguna taquería.

Y, en el ámbito de la restauración correspondiente a lo líquido, surgieron las vermuterías.

Y también las ronerías.

Además, hemos visto aflorar alguna trufería, especializada en trufas y chocolates varios.

Pero no solo van surgiendo estas neodenominaciones en el ámbito de la restauración. Un ejemplo:


¿A que sabes perfectamente qué es una gafería? Claro que sí. Y eso es así porque los hispanohablantes tenemos plena conciencia de qué significa el sufijo    -ería.

Si esta tendencia de intentar diferenciarse de la competencia inventando nuevas denominaciones persiste, no descarto que podamos llegar a ver en algún momento una farmacia reconvertida en medicamentería. No estaría mal, ¿verdad?

miércoles, 2 de julio de 2014

Sigleros

En El siglo de las siglas, hablaba de la superabundancia de siglas en la que vivimos y de que algunas siglas terminan por escribirse tal cual se pronuncian. Citaba los casos de ONG, LP, DDT y PNN, que han pasado a escribirse oenegé, elepé, dedeté y penene.

Aquí lo que quiero destacar es que algunas siglas han producido incluso adjetivos derivados, pero sin pasar necesariamente por la fase de escribirse tal cual se pronuncian. Me explico.

Es el caso de ugetista y de cenetista, derivados de UGT (Unión General de Trabajadores) y de CNT (Confederación Nacional del Trabajo), que nunca se han escrito Ugeté ni Ceneté. Y lo mismo ocurre también con pepero y pecero, derivados de PP (Partido Popular) y de PCE (Partido Comunista de España), que nunca se han escrito Pepé ni Pecé.

Como no es posible escribir UGTista, CNTista, PPero y PCEro, porque va en contra de todos los mecanismos de formación de palabras de la lengua española, el hablante de español ha optado por la alternativa que le quedaba: formar el derivado no directamente de la sigla, sino de la forma escrita que tendría esa misma sigla tal cual se pronuncia. ¡No quedaba otra!

Y lo mismo ha ocurrido con defeño, que el DRAE define como natural de la ciudad de México o del Distrito Federal (D.F., en abreviado).

Y aquí tienes otros dos ejemplos más de siglas productoras de derivados, extraídas, en este caso, de los medios de comunicación, hace ahora un año más o menos:

-       En El País Negocios, del 28/07/2013, Alicia González y David Fernández firmaban un artículo titulado “Las empresas temen ser opables”.

-       Y en elpaís.com, apareció la siguiente noticia, ahora ya algo obsoleta:

Ni que decir tiene que ni opable (adjetivo derivado de OPA: Oferta Pública de Adquisición) ni fibero (adjetivo derivado de FIB: Festival Internacional de Benicàssim) están recogidas en el DRAE, pero eso no significa que no las entendamos perfectamente y, lo que es más importante, que no podamos crearlas si sentimos la necesidad de que deben existir. Para eso tenemos a nuestra disposición los mecanismos de formación de palabras que el español nos proporciona y, entre ellos, los prefijos… que dan mucho juego.

Así pues, ¡sé creativo! ¡Enriquece tu vocabulario con nuevas creaciones! Pero eso sí, sobre todo, procura que te entiendan… que para eso sirve la lengua: para entendernos y comunicarnos, no para descomunicarnos.