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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Lómanos y peutas

Si un megavatio es un millón de vatios, ¿un megalómano es un millón de lómanos?

Si un gigahercio es mil millones de hercios, ¿un gigante es mil millones de antes?

Si un terabyte es un billón de bytes, ¿un terapeuta es un billón de peutas?

Si un petabyte es mil billones de bytes, ¿un petardo es mil billones de ardos?

Si un exabyte es un trillón de bytes, ¿un exabrupto es un trillón de bruptos?

Por cierto, ¿sabrías decirme cómo se lee esta cifra: 1 000 000 000 000 000 000 euros? Exacto: un trillón de euros.

Y, ¿sabes cuánto es eso? Para que te hagas una idea de su magnitud, imagínate que tuvieras unas rentitas que te produjeran 1.000 euros cada décima de segundo. Pues necesitarías vivir más de 3 millones de años para llegar a esa cifra. Impresiona, ¿verdad?

miércoles, 2 de abril de 2014

Probable

En anteriores ocasiones (Una patilla es una pata corta, Aumentativos falsos), te he hablado de derivados falsos, surgidos simplemente al pasar determinadas palabras por el tamiz de una interpretación ludolingüística. Vamos, tras buscarle cinco pies al gato el que esto escribe con el único objetivo de divertirse un poco.

En el texto anterior (Prorruso), hablé de pasada del prefijo pro-, cuyo significado es que alguien o algo es favorable o propenso a lo que indica la palabra que sigue: así, un prorruso es alguien favorable a lo ruso. También mencioné los prefijos anti- y contra-.

Aprovechando la ocasión que me procuran esos prefijos, hoy voy a seguir con lo de los cinco pies y lo de la diversión. Veamos:

-       Si estoy a favor del bable, ¿soy probable?
-       Si mi tío prefiere el queso feta a cualquier otro tipo de queso, ¿es un profeta?
-       Si mi tía prefiere la teína del té a la cafeína del café, ¿es una proteína?
-       Si, entre alfa y beta, mi hermana se inclina por beta, ¿es una probeta?
-       Si la pianista es más proclive a la fusa que a la semifusa, ¿es una profusa?
-       Si a las bicis normales prefiero las bicis con motor, ¿soy un promotor?
-       Si prefiero la montaña y no me gusta nada el llano, ¿soy un antillano?
-       Si mis vecinas no pueden ver ni en pintura ni vides ni parras, ¿son unas antiparras?
-       Si son contrarias a hacer señas cuando juegan al mus, ¿son dos contraseñas?
-       Si estoy en contra de todo aquel que no llega al metro y medio de altura, ¿soy un contrabajo?
-       Si estoy a favor del dólar y en contra del peso, ¿soy un contrapeso?
-       Si estoy en contra del bando del alcalde, ¿soy un contrabando?

Entonces ya lo hacía y ahora lo reitero: te invito a dar rienda suelta a tu imaginación y a descubrir falsos derivados de tu propia cosecha. ¡Divertirse con la lengua es tan sencillo!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Aumentativos falsos

En español, para aumentar la magnitud del significado de un vocablo, podemos utilizar el sufijo -azo, -aza. Así, un coche de gama alta será un cochazo; una mano grande, una manaza; un yogur superexquisito, un yogurazo (oído en un anuncio de yogures)…

Pero también existe la posibilidad de utilizar el sufijo -ón, -ona. Así, un chiquillo más que inocente será un inocentón; una mujer que se pasa de pícara, una picarona; un bebé que no veas qué cantidad de caca hace, un cagón…

A mí, este segundo sufijo me gusta mucho más que el primero, da mucho más juego. Existen en español un montón de palabras que terminan en -ón, pero que no son necesariamente aumentativos. Acabo de utilizar una, montón, y a nadie se le ocurriría pensar que se trata de un aumentativo… a menos que uno sea un ludolingüista redomado y se divierta buscándole cinco pies al gato, como es el caso de quien esto suscribe.

En Una patilla es una pata corta (junio 2013), ya mencioné los malentendidos que pueden causar aquellas palabras que tienen apariencia de diminutivo, pero que no lo son. Y daba unos cuantos ejemplos: colilla, carrillo, gatillo…

Aquí se trata de lo mismo, pero presentado de otra manera. Mira los aumentativos que se pueden crear para describir determinadas situaciones:

-       Si mi hermana lee mucho, ¿es una leona?
-       Si un banquero tima mucho, ¿es un timón?
-       Si un macarra zurra mucho, ¿es un zurrón?
-       Si soy más vago que la chaqueta de un guardia, ¿soy un vagón?
-       Si salo las comidas más de la cuenta, ¿soy un salón?
-       Si tiro muchas cosas, ¿soy un tirón?
-       Si cojo muchas cosas, ¿soy un cojón?
-       Si mi perrita ladra mucho, ¿es una ladrona?
-       Si un carnero bala mucho, ¿es un balón?
-       Si soy la mar de grosero y basto, ¿soy un bastón?
-       Si un buzo es enorme, ¿es un buzón?
-       Si no hago más que peerme, ¿soy un peón?
-      

¡Da rienda suelta a tu imaginación y verás cómo encuentras palabras a las que dar una nueva vida en tus conversaciones!

miércoles, 19 de junio de 2013

Una patilla es una pata corta

– ¿Le corto las patillas? –le pregunta el peluquero al enano al que le está cortando el pelo.
– ¿Y con qué ando? ¿Con los cojoncillos?

Este chiste, de mi adolescencia, es un ejemplo del malentendido que causa una palabra que tiene toda la apariencia de ser diminutivo de otra, pero que, según el contexto, puede serlo o no. Y, claro, esta situación puede dar lugar a malas interpretaciones.

Hay muchas palabras así. Por ejemplo, colilla. Si hablas de que Fulano tenía una colilla en la boca, ¿qué malentendido no puedes llegar a provocar?

Ahí te dejo unos cuantos de estos diminutivos ‘falsos’:
- Boquilla
- Carrillo
- Frenillo
- Gatillo
- Palomilla
- Tomillo…

Seguro que puedes encontrar alguna frase o situación en que su uso podría causar un malentendido. ¿A que sí? Por ejemplo, con la palabra frenillo… que puede dar mucho juego. ¿Te animas a mandarme una frase?