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miércoles, 6 de mayo de 2015

Metas


Es una de esas cosas que hacen los departamentos de Recursos Humanos de las empresas. En la mía, hace ya un par de años, pusieron en marcha una iniciativa que quería dar respuesta a la pregunta ‘Y tú, ¿cómo lo haces?’. Preguntaron a los empleados y, con las respuestas, prepararon, entre otras cosas, una gran pancarta vertical de lona que desplegaron por el hueco de la escalera.

 
Cuatro pisos de hueco de escalera dan para muchas frases. La pancarta terminaba con la frase conclusiva ‘Entre todos lo hacemos posible’.
 
Uno, que prefiere las escaleras al ascensor, no puede evitar mirar y remirar la pancarta y repasar las frases cada vez que tiene ocasión. Y uno, que no puede quedarse quieto cuando de palabras se trata, imagina que lleva un espray en la mano y que altera las frases a su antojo… dotándolas de un poco de mala baba:
 
Aquí borro un par de letras
 
Aquí, un par de sílabas
 
  Aquí cambio una n por una r
 
Aquí, una m por una t
 
Vaya, que como me pillen los de RR. HH. se me va a caer el pelo.


miércoles, 14 de enero de 2015

Sin inmunidad, pero con impunidad


Ahora que acaba de estar en cartelera en Madrid esta obra de teatro, parece buen momento para sacar a colación la confusión que se produce en ocasiones entre inmunidad e impunidad, entre inmune e impune.

Dice el DRAE que inmunidad es la cualidad de inmune, y que inmune significa, entre otras cosas, exento de ciertos oficios, gravámenes, cargos o penas.

Indica también que la expresión inmunidad diplomática se refiere a la inmunidad de que gozan los representantes diplomáticos acreditados cerca de un Gobierno, sus familias y demás personal de las embajadas o legaciones que no es súbdito del país en que estas residen. Y también señala la existencia de la expresión inmunidad parlamentaria, que es una prerrogativa de los parlamentarios, que los exime de ser detenidos o presos, procesados y juzgados sin autorización de la Cámara a que pertenecen salvo en los casos que determinan las leyes.

Por otro lado, el DRAE define impunidad como falta de castigo e impune como que queda sin castigo.

Claro, ¿verdad? No debería haber lugar a dudas, ¿verdad?

Pues no. En agosto circuló en los medios de comunicación una noticia acerca de un informe de Amnistía Internacional sobre la situación en Afganistán. Muchísimos medios la recogieron con titulares parecidos a estos dos:



Siempre diciendo inmunidad, en vez de decir impunidad, que era lo adecuado en este caso.

A uno, que siempre se sorprende, y no precisamente de forma grata, al descubrir que a algunos profesionales de la comunicación les importa más bien poco escribir correctamente, le entró un no-sé-qué lingüístico y se acercó al origen de la noticia para ver qué se decía. Sabido es que, en ocasiones, los medios de comunicación se limitan a reproducir tal cual las notas o comunicados de prensa que reciben de instituciones, empresas y organizaciones varias. Así que me dije que quizá el origen de la noticia fuera también el origen del ‘pecado’.


Pero en el comunicado de prensa de Amnistía Internacional no se hablaba de inmunidad ni tampoco de impunidad, ni en el titular ni en el resto del texto. Así que no, no se trataba de un ‘pecado original’.

Intrigado por este sinsentido ¿cómo es posible que una enorme cantidad de medios de comunicación cometan el mismo error al titular una noticia cuando la fuente de esa noticia no menciona siquiera la palabra de marras?, caí en la cuenta de que todas las noticias que incluían el error indicaban una misma fuente: la agencia EFE (no Amnistía Internacional)…


… y EFE había metido la gamba hasta el corvejón.

Es decir, que el original no había pecado, pero sí lo había hecho el primer copista… y a partir de él, que seguramente quedó impune, todos los demás. ¡Para que vaya uno fiándose de los intermediarios!

miércoles, 23 de julio de 2014

Enmimismamiento

¿Por qué, cuando estoy recogido en mí mismo, pensando en mis cosas, estoy ensimismado y no enmimismado?

¿Por qué, cuando estoy tan metido en algo que no atiendo a otra cosa, estoy enfrascado y no entarrado?

¿Por qué, cuando me estoy vistiendo con la ropa de fiesta un sábado, me estoy endomingando y no ensabadando?

¿Por qué, cuando estoy muy empeñado en algo, me estoy emperrando y no engatando?

¿Por qué, cuando estoy halagando a alguien para conseguir algo de él, lo estoy engatusando y no emperrusando?

¿Por qué, cuando me pongo muy pero que muy terco, estoy erre que erre y no jota que jota?

¿Por qué, cuando me estoy mojando todo y más, me estoy empapando y no enmamando?

¿Por qué, cuando dos equipos de fútbol tienen el mismo número de goles, están empatando y no empiernando?

¿Por qué, cuando estoy adornando a alguien con profusión y esmero, lo estoy emperejilando y no enajando?

¿Por qué, cuando estoy cargando con una obligación ingrata, estoy apechugando con ella y no amuslando con ella?

¿Por qué, cuando estoy amedrentando a alguien, lo estoy amilanando, y no aflorenciando?

¿Por qué, cuando mantengo mi opinión a todo trance, me mantengo en mis trece, y no en mis catorce?

¿Por qué, si vivo sin reparar en gastos, con fausto y opulencia, vivo a todo tren, y no a todo barco?

¿Por qué, cuando voy a toda velocidad, voy a toda leche, y no a todo vino?

¿Por qué, cuando no tengo dinero, estoy sin blanca, y no sin colorada?

¿Por qué, cuando quiero divertirme con el lenguaje, no voy a poder inventarme las palabras y expresiones que yo quiera?

Pues eso.

miércoles, 16 de abril de 2014

Hombro y codo, ojo y riñón

Leyendo ‘El enredo de la bolsa y la vida’, de Eduardo Mendoza, me he encontrado con la siguiente frase que pronuncia uno de los personajes:

— […] Contigo habría sido distinto: viejos camaradas unidos en una última aventura, hombro con hombro o codo con codo, que las dos formas admite el diccionario. […]

¡Curiosa frase en boca de un personaje de novela!

Y si Eduardo Mendoza lo ha escrito, así será, que él es más ducho que yo en estas cosas. Así que, como dice, para indicar que dos personas colaboran estrechamente, el hablante de español puede utilizar la parte del cuerpo que prefiera: el hombro o el codo. Curioso, ¿no?

Esa frase me trajo a la mente el caso de otras dos expresiones que utilizan también partes del cuerpo y que también son intercambiables entre sí, porque sirven para indicar lo mismo: si queremos decir que algo ha costado mucho, podemos utilizar la expresión costar un ojo (o un ojo de la cara) o la expresión costar un riñón. Al igual que ocurre con el caso anterior, aquí también se puede utilizar la parte del cuerpo que prefiramos.

De hecho, en cierta ocasión leí la frase siguiente:

Unos le decían que el viaje le iba a costar un riñón; otros, que un ojo de la cara. Tuvieron razón los segundos: volvió tuerto de sus vacaciones.

Por cierto, ¿te has dado cuenta de que tres de las cuatro partes del cuerpo mencionadas son monovocálicas? ¿Y además de la misma letra?

miércoles, 27 de noviembre de 2013

De imprevisto

Lo soltó Christian Gálvez, un famosillo presentador de televisión. Y se quedó tan pancho.

De imprevisto no se dice; se dice de improviso, que equivale a sin prevención ni previsión.

Ya tiene delito que un conductor de un concurso en el que las palabras son la materia prima, Pasapalabra (¡una palabra monovocálica de nivel A5!; ver Efervescentemente, septiembre 2013), meta el cuezo de tal manera. En fin, será cosa de los tiempos que corren.

Por cierto, ¿cómo lo dirías: quedarse tan pancho o quedarse tan ancho? Pues resulta que, a tenor de lo que refleja el diccionario, en este caso se pueden utilizar las dos expresiones:

-       quedarse tan ancho (o quedarse tan fresco, o quedarse más ancho que largo) significa mostrarse despreocupado y tranquilo; y

-       pancho, en cuanto adjetivo, significa tranquilo, inalterado, satisfecho con algo.

Así que si queremos decir que el famosillo Christian soltó una barrabasada lingüística y se quedó tan tranquilo, podemos decirlo de las dos maneras:

-       Christian se quedó tan ancho

-       Christian se quedó tan pancho.

Otra cosa sería que no se llamara Christian sino Pancho. Entonces, para regocijo de este ludolingüista, habría que decir:

-       Pancho se quedó tan pancho.

Y sería una verdad… doble.