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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Luche por la luce



Cuando vio la revista, me preguntó que quién había escrito los textos de portada. En ese momento no supe qué responderle, porque realmente no lo sabía. Pero quise saber por qué ella se interesaba por la cuestión. Me respondió que creía entrever un juego de palabras entre luche y luz y que quería saber si era consciente o pura casualidad. Le pedí que me lo explicara, el juego de palabras, y me sorprendió con lo siguiente: como en italiano luz es luce y se pronuncia como el español luche, quizá el autor de los textos había querido hacer un juego con las dos frases:

Precio de la luz
Luche por el ahorro

Un poco rebuscado me pareció, pero muy bien planteado y, por qué no, perfectamente posible. Y es que ¿por qué restringir las posibilidades ludolingüísticas solo a lo que nos proporciona una lengua?; ¿por qué no va a poder ser posible jugar con dos o más? En un mundo tan interconectado como el actual, ¿quién no conoce otra lengua además de la suya propia, aunque sean solo unas cuantas palabras y expresiones?

Así que, pongámonos manos a la obra, y busquemos frases o palabras en dos idiomas que nos proporcionen gustirrinín lúdico. Pueden ser por su similitud fonética al pronunciarlas:

– Luche por la luce         [español-italiano]

O por su similitud gráfica al escribirlas:

– J'aime Jaime                [francés-español]
– No se ríen rien              [español-francés]
– Sales of sales               [inglés-español]
– Come come!                 [italiano-español]

O porque son bifrontes bilingües; es decir, palabras simétricas:

– Ruedo | Odeur               [español-francés]
– Leer | Réel                     [español-francés]
– Raíl | Liar                        [español-inglés]

O por lo que sea.

¿Te animas a intentarlo?


jueves, 29 de mayo de 2014

Encarnación, Petronilo y demás

Un compañero mío de instituto se llamaba Encarnación, aunque él prefería que lo llamasen Óscar y así se lo hacía saber a todo el mundo. Decía que en su pueblo, de la provincia de Toledo, era habitual que los hombres llevaran nombres como Encarnación o Mercedes, y que allí no extrañaba. A nosotros, sus compañeros, sí que nos extrañaba y no perdíamos ocasión para hacérselo ver. Si bien siempre lo llamábamos Óscar, en ocasiones en público le gritábamos: ¡Encarna, Encarna! ¡Qué crueles!, ¿verdad?

Pedro, un compañero de trabajo que se acaba de jubilar, en realidad se llama Petronilo… y nos hemos enterado hace nada. Toda la vida llamándolo Pedro y resulta que su nombre de pila es Petronilo.

Un conocido mío, brasileño él, se llama Airam. Cuando le preguntan por el origen de su nombre, poco conocido en España, cuenta que sus padres esperaban una niña y que ya habían pensado en ponerle Maria. Luego, llegó él, un niño, y le pusieron ese nombre, pero al revés. Es decir, que Maria y Airam son bifrontes (ver Amor y Roma).

Hay en mi barrio una plaza que tiene el nombre de Cristino Martos. No sé quién es, o era, ese señor, porque me imagino que es, o era, un hombre, pero así de entrada ya me cae simpático. Solo por el nombre, poco habitual en un hombre, al menos en España.

Lo mismo me pasa con Evo Morales. Y también con Margarito, un personaje de una serie mexicana de televisión. No sé si en América serán nombres muy habituales para hombres, pero en España no. A los españoles, Evo y Margarito nos parecen la ‘traducción’ al masculino de Eva y Margarita.

Y me agrada Verónico Martínez (visto en El País, 09/06/2013).

Y me cautiva Dositeo Cuenca de Lamo, propietario y fundador de Flightec, empresa que fabrica embalajes de alta protección (visto en 'Cajas para artilugios delicados', de Pepe Varela, en El País Negocios, 23/06/2013).

Y Anatolio Alonso, estudiante que sacó una nota media de 9,95 en selectividad (visto en 'La vida normal de un número uno’, de Antonio Nieto, en El País, 25/06/2013).

Para llevar un nombre poco común, hay que ser de una pasta especial, ¿verdad?

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Amor y Roma

Uno
No recuerdo el título ni los actores, tampoco el argumento. No recuerdo casi nada, solo que era una película de policías e intríngulis detectivescos, que al final se resolvían porque alguien se daba cuenta de que el nombre, ficticio, de un personaje, Wen Kroy, leído al revés era New York.

Dos
En 'Cercamón', de Lluís Racionero i Grau, un perfecto nombre dado a los capellanes cátarosdice: "Nosaltres som els vertaders cristians, el papa és el porc senglar de la selva: hi ha dues esglésies, la d'AMOR i la de ROMA. Gireu les paraules i veureu com una és el contrari de l'altra. Hi ha dues esglésies, una que fuig i perdona, l'altra que persegueix i crema. Trieu!"

Traducción mía: Nosotros somos los verdaderos cristianos, el papa es el jabalí de la selva: hay dos iglesias, la de AMOR y la de ROMA. Dad la vuelta a las palabras y veréis cómo una es lo contrario de la otra. Hay dos iglesias, una que huye y perdona, otra que persigue y quema. Elegid.

Tres
Este disco de Joan Manuel Serrat.


Son tres ejemplos de lo que los ludolingüistas llaman bifronte: una palabra que leída al revés da otra palabra. Más ejemplos:
las | sal
res | ser
amar | rama
raza | azar
sala | alas
rata | atar
arroz | zorra
atlas | salta
seria | aires

No es muy  difícil encontrar bifrontes de tres o cuatro letras. Sí, de seis o más. ¿Te animas a cosecharlos?

Los bifrontes son interesantes en sí mismos, desde luego, pero mucho más como munición para formar palíndromos. Sí, ya sabes, esas frases que se leen igual del derecho que del revés (ver La ruta natural, octubre 2013): como son palabras con dos caras (eso es lo que quiere decir bifronte), son muy útiles para construir frases palindrómicas.

¡Venga! ¡A por ellos!