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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Bis, ter y más

Supongo que la habrás visto en más de una ocasión. Hasta es posible que tú mismo la hayas utilizado varias veces. Me refiero a la palabra bis, que, además de otros usos, también se utiliza pospuesta a un número de una serie para indicar que este sigue inmediatamente a ese mismo número ya empleado. Así lo define el diccionario de la RAE, pero no parece que quede muy claro. Mejor vemos algún ejemplo:

— En la numeración de una calle, nos podemos encontrar, por ejemplo, que tras la casa nº 5, venga la casa nº 5 bis y después la nº 6.

— Lo mismo puede ocurrir en la numeración de los artículos de una norma: tras el artículo 16, puede ocurrir que haya un artículo 16 bis y después el 17.

En el primer caso, el de la calle, lo que ha ocurrido es que se ha construido un edificio nuevo entre las viviendas nº 5 y nº 6 —donde antes había un solar vacío o un parque, por ejemplo— y, claro, no vamos a cambiar la numeración de todas las viviendas de la calle. Lo que hacemos es poner un 5 bis y arreglado: nº 1, nº 2, nº 3, nº 4, nº 5, nº 5 bis, nº 6, etcétera.

En el segundo caso, el de la norma, ha ocurrido lo mismo: se ha introducido un artículo nuevo entre el 16 y el 17 y, para no renumerar todos los artículos siguientes, se recurre al 16 bis.

Es, sobre todo, en el ámbito legislativo en el que este recurso tiene mayor presencia. Y no se limita solo a bis, sino que se extiende hasta lo inimaginable. Yo había visto ya en alguna ocasión un artículo ter e, incluso, quater, pero la cosa no se detiene ahí: alguna norma ha llegado hasta sexiesdecies e, incluso, hasta sexvicies.

¿Sabes qué significan estas palabras? ¡No, no es nada de eso de lo que tú estás pensando! Puedes satisfacer tu curiosidad en este texto del escritor y jurista Carlos Pérez Vaquero. ¡Que te deleites con él!

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Emilio, de juernes

Lo oí por primera vez hace ya unos años en una conferencia de la cual ya no recuerdo ni el tema ni al conferenciante. Sí recuerdo que en su intervención utilizó y explicó dos conceptos: lo glocal y lo egolectivo. Por supuesto, ninguna de estas dos palabras está en el diccionario normativo, pero su significado no ofrece ninguna duda si nos atenemos  a su procedencia: glocal es la fusión de global y local; egolectivo es la fusión de ego y colectivo.

Ahora he vuelto a ver la primera de ellas en un titular de periódico (entrecomillada eso sí), lo que me hace pensar que se va asentando en el lenguaje, al menos, de una parte de la comunidad hispanoparlante. Ya falta poco para que se incluya en los diccionarios de uso, primer paso para llegar al diccionario normativo académico.

elpais.com

 
Otra palabra de reciente creación que tampoco encontraremos en los diccionarios es veroño (fusión de verano y otoño), que, como indica el destacado de la información que sigue, es “el verano del otoño”.
 
elpais.com

 
 Y tampoco hallaremos juernes (fusión de jueves y viernes) en el diccionario.
 
farodevigo.es
 
Y, a pesar de que hace mucho tiempo que se utiliza, tampoco aparecerá emilio como adaptación del inglés ‘e-mail’.
 
Y mucho menos emeterio, que es como llamaban (no sé si ahora también) a los conductores de la EMT (Empresa Municipal de Transportes) de Madrid hace algún tiempo.
 
Y avelino tampoco, que así llaman algunos a las personas que usan el AVE para ir a trabajar.
 
Y eleno menos, que es como designan a los miembros del ELN (Ejército de Liberación Nacional) en Colombia.
 
Y seguro que busquimano (contracción de buscar a mano) tampoco, que es el vocablo con el que se conoce a los rastreadores de alijos de droga perdidos en el mar en algunos puntos del sur de Andalucía.
 
Todas estas palabras surgen de la creatividad de los hablantes, de la necesidad que tienen de designar realidades nuevas. Es un procedimiento de, digámoslo así, etimología popular, similar a lo que conté en Pendejuelas y churreterías.
 
Y no es de descartar que, en un futuro no muy lejano, algunas terminen en el diccionario normativo. Este ha sido el caso de bebercio, formado a imitación de comercio, al asimilar comer - comercio y beber - bebercio, cuando realmente comercio no tiene nada que ver con comer.
 
¡La imaginación al poder… también en el uso del lenguaje!


miércoles, 21 de octubre de 2015

Rendivuses y tenguerengues

Me encontré con la primera de ellas en ‘Las últimas banderas’, de Ángel M.ª de Lera:

"... Yo me pensaba que a qué vendría tanto misterio y tantos rendivuses"

Por supuesto, era la primera vez que la veía, pero intuí en ella un no sé qué afrancesado. Acudí al diccionario y, con algo de suspense, allí la encontré: la palabra rendibú, con b, procede del francés rendez-vous y significa acatamiento, agasajo que se hace a alguien, por lo general con la intención de adularlo.

La segunda se me apareció en ‘Con la noche a cuestas’, de Manuel Ferrand:

"Se paraban familias enteras —"Niño no te acerques"— para ver el mecano truncado, las cuadrículas mochas que se mantenían en tenguerengue, como decorado de película de bomberos... "

Nunca antes había visto ni oído esa locución adverbial que, dice el diccionario, es coloquial y significa sin estabilidad, en equilibrio inestable.

Y me permito mostrarlas aquí porque ambas destacan por su sonoridad: la una, con su pátina de extranjera; la otra, con su monovocalismo fonético. Ahí quedan.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Las maris del español

María es el nombre de mujer más común en España. Y si contamos también aquellos nombres compuestos en los que María está presente, ya no es que sea común, es que es una invasión: María (del) Carmen, María Dolores, Ana María, María Isabel, María Ángeles, Rosa María…

De ahí que uno de los hipocorísticos más utilizados, como no podía ser de otra manera, sea Mari: Mari Carmen, Ana Mari, Rosa Mari… Y de ahí que Mari (y también Maruja, en tono despectivo) se utilice coloquialmente para representar a cualquier mujer o, dicho de otra manera, para representar a LA mujer.

Por lo tanto, a nadie le puede parecer extraño que Mari haya saltado la frontera de los nombres propios (aquellos que designan a personas) y haya pasado a formar parte, casi como si se tratara de un prefijo, de unos cuantos nombres comunes que designan objetos, entes, situaciones…

A mí, al menos, me resulta curioso. Y por eso quiero indicar aquí unos cuantos de estos nombres comunes encontrados en los diccionarios, básicamente el DRAE y el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner. Veamos.

Maricastaña
Utilizado en frases como “[en] los tiempos de Maricastaña”, significa hace muchos años o en tiempos muy antiguos.


Marimacho
Es una mujer que, en su corpulencia o acciones, parece hombre.
 
Marimandona
Un diccionario define esa palabra como mujer muy aficionada a mandar; el otro, como mujer voluntariosa y autoritaria.

 
Marimanta
Es un personaje imaginario, fantasma o figura con que se asusta a los niños.
 

Marimorena
Es una riña, pendencia, camorra.

Maripérez
Designa una pieza curva de las trébedes en que se asegura el rabo de la sartén.
 
Mariposa
El insecto lepidóptero, bien conocido de todos.

Marisabidilla
Una mujer que presume de sabia.

 
Maritate
Es una chuchería o trasto.
 
Maritornes
Una criada tosca, según uno; una moza de servicio, ordinaria, fea y hombruna, según el otro.

Marizápalos
Cierta danza antigua en compás de dos por cuatro.
 
En fin, seguro que algunas de estas palabras no las conocías, ¿verdad? Pues ahora ya sabes cuáles son las maris más maris del español.

Por cierto, ahora que caigo, la marijuana ¿formará parte también de esta congregación?

miércoles, 29 de abril de 2015

Pomporrutas

Era la época de la Transición. En los cines, siempre solían echar un cortometraje antes de la película. Uno tuvo una gran influencia en mi vida, que todavía perdura.




Va de dos antiguos compañeros de colegio que se encuentran al cabo de los años en una tienda de discos. Rememoran su infancia y algunos episodios que vivieron juntos. En un momento determinado, se ponen a cantar las típicas canciones marciales de aquella época, y uno entona: “Pomporruuuuutas imperiaaaaales...”. El otro lo corta y le dice que la letra es: “Voy por ruuuuutas imperiaaaaales…”. El primero insiste: “Yo siempre dije pomporrutas imperiales”.
 
¿No te ha pasado nunca que te aprendes una canción de oído y, cuando ves la letra escrita, te das cuenta de que no tiene nada que ver lo que tú decías con lo que dice la canción? Suele ser habitual con canciones en otro idioma, pero también ocurre en español. Y también puede pasar con oraciones, cánticos religiosos o en determinadas circunstancias (ver Miel de la Alcarria).
 
Total, que lo que ocurrió en este caso fue que a mi acompañante y a mí nos hizo tanta gracia la cosa, nos pareció tan sonora esa palabra inventada, que, casi sin darnos cuenta, la empezamos a utilizar en nuestra vida diaria y la hemos seguido utilizando hasta ahora. ¿Con qué significado?, te preguntarás. Te voy a poner un par de ejemplos del uso que le damos y seguro que lo adivinas:
 
Voy al baño a hacer pomporrutas.
 
¿Qué tal la perrita en el paseo? ¿Ha hecho pomporrutas?
 
¿Lo captas? Seguro que sí. ¿Verdad que la sonoridad de la palabra parece hecha adrede para referirse a esa situación?
 
Es algo así como una especie de procedimiento de etimología popular, algo similar a lo que ya conté en Pendejuelas y churreterías.
 
Por supuesto, no sé de nadie que la utilice, ni en ese sentido ni en ningún otro, ni creo que nadie la entendiera a la primera en caso de utilizarla fuera de nuestro ámbito familiar. Pero quién sabe. A lo mejor, por esas cosas de la vida, se extiende su uso y, un día de estos, la vemos reflejada en los diccionarios al uso.
 
¡Diviértete! ¡Crea! ¡Inventa! Pero siempre siempre siempre procura hacerte entender.

miércoles, 30 de julio de 2014

Superferolítico y otros brebajes

¡Curioso! Nunca antes había oído ni leído esta palabra y, en poco más de un año, la he leído ya tres veces, en dos libros distintos. Uno es 'Me hallará la muerte', de Juan Manuel de Prada, en el que lo he leído dos veces:

El hombre le pidió un coñá, quizá intimidado por la panoplia de botellas de formas superferolíticas o mariconiles que se alineaban en el mueble-bar.

El pope de la mesa contigua ya se sabía diana de sus burlas, pero aún perseveró en su jerga superferolítica [...]

Y el otro es 'Pasos sin huellas', de Fernando Bermúdez de Castro:

Barnes es un encantador barrio londinense. No tiene la prestancia de otros más superferolíticos, pero no puede negarse su gracia casi bucólica.

¡Tres en un año! Curioso, ¿no?

Dice el diccionario que superferolítico significa excesivamente delicado, fino, primoroso. ¡Pues eso será!

Este segundo libro del que hablo, el de Bermúdez de Castro, está repletito de palabras raras, al menos para mí, palabras que no había visto nunca y que, por lo tanto, no he usado en la vida. Y quiero mencionarlas aquí porque son especiales a mi modo de ver, por su sonoridad, por su contundencia, también por su belleza. Ahí van.

Emascular:
— […] ¿te he dicho alguna vez que eres hijo de padre emasculado?
— […] Un insulto aparentemente propio de un imbécil, pero que no lo es, ya que al llamarme hijo de tal padre se pone en duda su masculinidad y se llama ramera a mi madre.

Emascular significa capar, y lo he oído hace poco también en una serie de televisión sobre crímenes.

Coruscante:
— […] todas mis obras literarias… se caracterizan por un hedonismo explosivo y coruscante.

Coruscante significa que brilla, y es, dice el diccionario, un adjetivo poético.

Flébil:
— […] limitóse a echar humo por su flébil nariz y a guiñarme un ojo.

Es otro adjetivo poético que significa lamentable, triste, lacrimoso.

Zaquizamí:
—Sabia amiga mía, yo nunca pisaré ese sucio y rocambolesco zaquizamí del subsuelo de la rue de l'Eperon. Me llenaría de piojos.

Significa casilla o cuarto pequeño, desacomodado y poco limpio.

Lipemaníaco:
[…] Respondí, no muy cortésmente, que en mi opinión Antonio se había suicidado porque toda su vida había sido un lipemaníaco, un mimado de la fortuna y un inepto para saborear los bienes que esa fortuna le había dispensado.

Lipemaníaco es alguien que padece lipemanía, y lipemanía es melancolía, monomanía caracterizada por la tristeza.

Sandio:
¿Quién demonios puede afirmar que un cisne no piensa? ¿No pensamos los hombres, aun los más sandios?…

Un sandio es un necio o simple.

No sé si tendré la oportunidad de usar estas palabras alguna vez, pero me parece que, si lo hago, me veré obligado a añadir un sinónimo o una explicación, porque me temo que no sean conocidas de mucha gente. Si llego a utilizarlas en algún momento, prometo contarte la reacción de mis interlocutores. Y si lo haces tú, cuéntalo también. Tengo curiosidad por ver qué reacciones se dan.

miércoles, 23 de julio de 2014

Enmimismamiento

¿Por qué, cuando estoy recogido en mí mismo, pensando en mis cosas, estoy ensimismado y no enmimismado?

¿Por qué, cuando estoy tan metido en algo que no atiendo a otra cosa, estoy enfrascado y no entarrado?

¿Por qué, cuando me estoy vistiendo con la ropa de fiesta un sábado, me estoy endomingando y no ensabadando?

¿Por qué, cuando estoy muy empeñado en algo, me estoy emperrando y no engatando?

¿Por qué, cuando estoy halagando a alguien para conseguir algo de él, lo estoy engatusando y no emperrusando?

¿Por qué, cuando me pongo muy pero que muy terco, estoy erre que erre y no jota que jota?

¿Por qué, cuando me estoy mojando todo y más, me estoy empapando y no enmamando?

¿Por qué, cuando dos equipos de fútbol tienen el mismo número de goles, están empatando y no empiernando?

¿Por qué, cuando estoy adornando a alguien con profusión y esmero, lo estoy emperejilando y no enajando?

¿Por qué, cuando estoy cargando con una obligación ingrata, estoy apechugando con ella y no amuslando con ella?

¿Por qué, cuando estoy amedrentando a alguien, lo estoy amilanando, y no aflorenciando?

¿Por qué, cuando mantengo mi opinión a todo trance, me mantengo en mis trece, y no en mis catorce?

¿Por qué, si vivo sin reparar en gastos, con fausto y opulencia, vivo a todo tren, y no a todo barco?

¿Por qué, cuando voy a toda velocidad, voy a toda leche, y no a todo vino?

¿Por qué, cuando no tengo dinero, estoy sin blanca, y no sin colorada?

¿Por qué, cuando quiero divertirme con el lenguaje, no voy a poder inventarme las palabras y expresiones que yo quiera?

Pues eso.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Escribido está bien escrito

El participio del verbo escribir es escrito: se dice Se ha escrito un crimen y no Se ha escribido un crimen.


Ahora bien, poca gente sabe que escribido también existe y es correcto… aunque solo en la expresión leído y escribido, que se utiliza para indicar que alguien es instruido, lo parece o presume de serlo, según definición del DRAE.

Por lo tanto, lo que digo en el título es correcto: escribido está bien escrito, aunque solo en ese caso… y en el título de alguna que otra obra de teatro.


miércoles, 15 de enero de 2014

Pentalítera

No estoy equivocado si digo que no habías oído nunca antes esta palabra, ¿verdad? Yo tampoco, seamos sinceros. Y ¿qué significa? Vamos a desentrañarlo sin mirar el diccionario… más que nada porque no la vas a encontrar en los diccionarios normales. Veamos.

La primera parte parece clara. Si nos acordamos de pentágono (un polígono de cinco lados) o de pentagrama (está formado por cinco líneas paralelas), podemos deducir que penta- quiere decir cinco.

La segunda parte ya parece más peliaguda, pero basta con echarle un poco de imaginación… razonable: en -lítera podemos entrever la misma raíz que en literal, y razonar que algo tendrá que ver con letra.

Así que podemos suponer que pentalítera quiere decir de cinco letras. Y así es. Se utiliza, supongo que casi exclusivamente, en contextos lingüísticos, para hablar de palabras o sílabas: una sílaba monolítera es la que tiene una sola letra; bilítera, la que tiene dos; trilítera, tres... y así sucesivamente.

Y ya puestos, ¿me sabrías decir cómo se denomina una sílaba de seis letras? Pues de ninguna manera, al menos en español, porque parece ser que en español no hay sílabas de más de cinco letras. De cinco tenemos, por ejemplo, la primera de tungs-te-no o de trans-por-te, o la última de mens-trual. Pero de seis, no hay.

Al menos eso dicen los entendidos, que yo no he contado todas las palabras. ¡Curioso!, ¿no?

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Un plural raro raro

En español, existen tres maneras de formar el plural de una palabra: añadiendo una -s al singular (por ejemplo, pera / peras), añadiendo -es al singular (por ejemplo, peral / perales) o, en el caso de las palabras invariables, dejándolas tal cual (por ejemplo, la crisis / las crisis).

Por lo tanto, las palabras que en singular terminan en –x forman el plural o bien añadiendo -es (por ejemplo, un fax / dos faxes) o bien permaneciendo invariables (por ejemplo, el tórax / los tórax, el córtex cerebral / los córtex cerebrales).

De ahí la sorpresa que causa la palabra excrex. ¿Que qué es eso? Pues es el nombre que se da en Aragón a un tipo de donación de un cónyuge a otro. Es un vocablo restringido al campo de lo forense, con lo cual seguramente pocos hispanohablantes, aunque sean aragoneses, lo conocerán. Pero eso es lo de menos aquí.

Lo que me interesa destacar de esa palabra es su plural, que es el más extraño que se conserva en español: excrez.

Un plural terminado en -z. ¡Extraordinario! Lástima que la palabra ha desaparecido ya del DRAE… imagino que porque se usaba poquísimo y se conocía menos. ¡Descanse en paz!

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cuando los cómics se llamaban tebeos

En realidad, se llamaban a sí mismas 'revistas de humor' o 'revistas juveniles': TBO, DDT, Tio Vivo, Din Dan, Pulgarcito, Mortadelo, Lily (revista juvenil femenina)… eran sus títulos. Lo de 'tebeo' vino precisamente a raíz de la primera o más conocida de todas ellas.
  


 Quiero destacar aquí dos peculiaridades de los tebeos de entonces. Una, que las historietas solían tener títulos rimados para, supongo, resultar más graciosos. Algunos ejemplos:
– Mortadelo y Filemón, agencia de información
– Anacleto, agente secreto
– Doña Tecla Bisturín, enfermera de postín
– Barón, el gato pardo, y el mayordomo Abelardo
– Pascual, criado leal
– Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio
– El Profesor Tragacanto y su clase, que es de espanto
– La familia Trapisonda, un grupito que es la monda
– Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte

Y dos, que los nombres de los protagonistas solían ser 'parlantes'; es decir, que revelaban rasgos de su personalidad o de su oficio. Algunos ejemplos:
– Don Pelmazo
– Don Tacañete
– Pitagorín
– El doctor Cataplasma
– Don Salicilato: un farmacéutico
– Aspirino y Colodión: un par de científicos
– Carpanta: un pobre que vive bajo un puente y que siempre está hambriento
– Rompetechos: un cegatón
– Zipi y Zape: dos hermanos, de moda ahora por una película, que en cada historieta arman un buen zipizape


¡Ah! ¿Que no sabes qué quiere decir zipizape? ¿Y tampoco carpanta? ¿Y menos trapisonda? ¿Y no hablemos ya de colodión? El diccionario está dispuesto a echarte una mano. ¡Úsalo!

miércoles, 17 de julio de 2013

Feraz, ubérrimo, opimo

Un hijo le pregunta a su padre:
– Papá, ¿qué significa ubérrimo?
Y el padre responde:
Feraz, hijo mío. Significa feraz.

Este chiste, que contaba un conocido mío, gallego él, nunca tiene mucho éxito. La gente no lo entiende. O, al menos, no lo entiende a la primera. Necesita que se lo expliquen. Y ya se sabe: un chiste explicado pierde toda su gracia.

Y la gente no lo suele entender porque no es habitual que conozca el significado de las palabras ubérrimo y feraz. Y precisamente la gracia del chiste está en eso, en saber qué significan esas palabras y en saber que poca gente conoce su significado, y mucho menos un niño. Y así uno puede imaginarse la cara, de perplejidad, como poco, del hijo ante la respuesta, incomprensible, de su padre.

Ya he hablado aquí en otra ocasión de palabras poco conocidas (ver El mocárabe, marzo 2013). Hoy voy a mencionar algunas más.

Otra palabra que significa lo mismo que ubérrimo y feraz, y que es igual de poco conocida es opimo. ¿Verdad que no la habías oído nunca?

¿Y pensil? A lo mejor te suena una obra titulada ‘El Florido Pensil’, de Andrés Sopeña Monsalve. Pero seguramente no la has oído nunca en boca de algún conocido tuyo, ¿verdad?

Y, ya que andamos metidos en el ámbito campestre, ¿qué me dices de azuda? ¿Y de biznaga?

Recuerda: el diccionario siempre ayuda. Si eres curioso, no lo dudes.

jueves, 14 de marzo de 2013

El mocárabe

Recuerdo mi época de estudiante (¡qué tiempos aquellos!) y recuerdo algunos profesores entrañables, de esos que te dejan huella por cómo son más que por lo que son. Y recuerdo que todo era novedad, descubrimiento, diversión, también. Y, si bien es verdad que nos tocaba trabajar de lo lindo, también lo es que, cuando la predisposición existía, la diversión hacía acto de presencia cuando menos te lo esperabas.

Estabas en clase de francés y el profesor te recitaba los números: un, deux, trois, quatre… dix, vingt, trente, quarante... Y, de repente, la carcajada general: quarante, dicho a la francesa, suena algo así como 'cagánt', lo que es muy similar a… Pues eso.

Otro día, en clase de historia del arte, hablando del arte andalusí, te mencionaban los mocárabes. Y, antes de entender que aquello era un adorno arquitectónico, ya te habías formado la imagen de otra clase de adorno colgando de la nariz de un árabe.

Y es que en español hay palabras muy curiosas; algunas, por su sonoridad; otras, por lo que nos permiten imaginar, y las más, porque se utilizan poco y nos son desconocidas y de ahí les viene su gracia. He aquí un surtido:
- Parlaembalde: el que habla mucho y sin sustancia.
- Antiflogístico: que calma la inflamación.
- Jericoplear: fastidiar.
- Nefelibata: que anda por las nubes.
- Anúteba: llamamiento a la guerra.
- Cochite-hervite: locución que significa que se ha hecho una cosa rápidamente.

¿Serías capaz de formar una frase que incluyera estas palabras? Si no todas, unas cuantas al menos. ¡Inténtalo y mándasela a algún conocido! ¡Seguro que lo sorprendes!

jueves, 7 de marzo de 2013

Parentela

En nuestros días, no es extraño que en una familia haya bisabuelo y bisnieto. Quiero decir que no es extraño que en una misma familia coexistan cuatro generaciones. La esperanza de vida sigue aumentando, cada vez vivimos más tiempo y los abuelos terminan por convertirse en bisabuelos. Y eso que, en España, al menos, la generación que está en edad de procrear cada vez tiene descendencia más tarde. Da igual, el caso es que es sencillo encontrar familias con un bisabuelo.

Ya es más raro que haya tatarabuelos y, en consecuencia, tataranietos. Es más raro, pero también sucede: si alguien pasa de los 100 años, tiene muchos números para que en su familia coexistan cinco generaciones. Dicho así parece fácil, ¿verdad? Pero, desde luego, no debe de serlo. En mi entorno no recuerdo a nadie que ande por el siglo de vida. Ahora bien, en Japón parece que es más habitual. De hecho, la semana pasada, los medios de comunicación hablaron de “la persona más anciana del mundo”: un japonés nacido en 1897 que, según la información, tiene 14 nietos, 25 bisnietos y 13 tataranietos.

Sin embargo, lo que sí es sumamente extraordinario es que coexistan seis generaciones en una misma familia. Es tan extraordinario que seguramente pocas personas saben qué nombre recibe el padre del tatarabuelo. Yo, desde luego, no lo sabía. Se llama trastatarabuelo o, también, cuarto abuelo. ¿A que tú tampoco lo sabías? ¿Y el hijo del tataranieto? Pues trastataranieto o cuadrinieto o chozno.

Y ya metidos en harina, ¿sabes decirme qué es un bichozno? No, un bizcocho, no; un bichozno… El diccionario siempre está ahí, por si se lo necesita.